
El vocablo más difícil de traducir del mundo es "ilunga", un término africano que significa "aquel que está dispuesto a perdonar una vez, e, incluso, dos, pero nunca una tercera".
En su juventud, Hitler se ganaba la vida pintando tarjetas con acuarela para venderlas a los turistas.
Fleming escribió en su diario:"Yo no descubrí la penicilina, me topé con ella". Cuentan que, por descuido, dejó durante sus vacaciones unos cultivos de bacterias que, a su vuelta, tenían un extraño moho que impedía crecer a las bacterias. Un descubrimiento que, 75 años después, ha salvado millares de vidas.
Un orgulloso padre de la provincia de China de Henan se llevó un buen disgusto porque el registro civil no le permitió inscribir a su hijo con el nombre de "@". Lo curioso es que no se han negado porque sea un nombre ridículo, sino porque el símbolo carece de grafía china.
En el siglo X, el gran cirujano árabe Abulcassis ya utilizaba tripa de gato para coser tras una operación, aunque no comenzó a emplearse de forma habitual hasta 1920. Treinta años más tarde se inventó el hilo de tergal.
La errata más cara de la historia la cometió la Casa de la Moneda estadounidense al imprimir unas nuevas monedas. En lugar de la leyenda "In God we trust" (Creemos en Dios), los americanos estuvieron a punto de llevar un texto bastante más material en su calderilla: "In gold we trust" (Creemos en el oro). Una sola letra provocó un error tan mayúsculo que tuvieron que recogerse y destruirse todos los miles de dólares impresos.
Cuando Miguel Ángel pintaba la Capilla Sixtina, acudió a visitarle Pablo III con un miembro de la Curia llamado Biagio de Cesena. El tal Cesena fue muy crítico con la profusión de desnudos y Miguel Ángel decidió vengarse retratándolo entre las llamas del Infierno. Cuando Biagio se quejó al Papa, éste le dijo: "Si te hubiera pintado en el Purgatorio, quizá hubiera podido salvarte, pero estás en el Infierno y allí yo ya no puedo intervenir".
Mark Twain era un fumador empedernido. Cuentan que un día que sus colegas intentaban convencerle de que dejara el tabaco, les contestó, sin soltar su habano: "¿De qué os quejáis? Dejar de fumar es facilísimo. Yo lo hago muchas veces al día". Y siguió con su cigarro.
